La muerte súbita amenaza a los futbolistas.

Madrid.

El corazón del deportista es más grande que el de la población en general, por lo que el volumen cardíaco puede ser el doble que el de una persona que no hace ejercicio.

Esa puede ser la causa de que haya mayor dificultad a la hora de detectar si la muerte súbita que conduce a percances graves o irreversibles es debida a la propia práctica deportiva o, en cambio, es expresión de una cardiopatía incipiente, según expertos reunidos en el reciente Congreso de Enfermedades Cardiovasculares de la Sociedad Española de Cardiología.

La muerte súbita es considerada por muchos como la sombra de la tragedia en el fútbol español, donde se han presentado al menos seis casos de graves de lesiones cardíacas en los últimos tres años.

El más reciente ocurrió el pasado fin de semana durante el juego Salamanca-Real Betis, de la segunda división española, donde el jugador del Salamanca Miguel García estuvo técnicamente muerto.

El incidente, que por fortuna no fue letal gracias a los auxilios de los médicos de los equipos, recuerda no tan lejanos casos como el del jugador del Sevilla Antonio Puerta, o de Dani Jarque, del Espanyol, a quien la muerte sorprendió mientras hablaba por teléfono con su esposa desde la habitación del hotel de concentración, en Italia.

La juventud tampoco protegió al mediocampista del Reus Jordi Pitarque, de 23 años de edad, quien murió el 6 de septiembre en el Hospital de Tortosa después de sufrir tres infartos al miocardio en su domicilio.

Un día antes, Pitarque jugó sin problemas un encuentro con su equipo en el campo de El Prat, de tercera división. En la siguiente madrugada sufrió un primer paro cardíaco, un segundo en el traslado y el tercero y definitivo en el centro hospitalario.

El jugador del Real Madrid Rubén de la Red, que pocos meses antes había conquistado la Eurocopa 2006 con la selección española, se desplomó en el centro del campo, inconsciente. La rápida intervención de los médicos le salvó la vida, pero se descarta que el futbolista vuelva a los terrenos de juego.

La muerte súbita se da en unas 40.000 personas al año en España. En el caso de los deportistas menores de 35 años de edad se estima que se dan entre 40 y 50 casos anuales.

El director del Plan General de Resucitación Cardiopulmonar, Antonio Lesmes, cree que es más fácil instalar desfibriladores y dotar de personal especializado los campos de fútbol que realizar chequeos a los jugadores, ya que muchas veces resulta imposible detectar anomalías cardiacas.

La presencia de los desfibriladores es importante porque la muerte súbita es una arritmia cardíaca que hace que el corazón tenga actividad eléctrica pero que no bombee sangre.

“A los pocos segundos de que se produzca la arritmia -unos cinco o seis- el cerebro deja de recibir sangre y hace que la persona caiga fulminada”, agregó el experto.

Criticó que todavía haya algunas zonas de España en las que no esté regulado el uso y la instalación de los desfibriladores y pidió se concreten los lugares en los que deben estar instalados, tal y como ocurre en otros países.

Tomado de: Primera Hora

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